Huérfanos sin Abrigo

Infancia

      Medea nació en 1896 en Narbonne,  Francia. Sus padres Charles y Rose Vide fueron viticultores. Ciega de nacimiento y huérfana a los veinte años de madre y padre, heredó de un tío, por línea materna,  una  tienda de antigüedades. Aprendió el arte del anticuario sobre la atropellada marcha de las circunstancias.  Era joven, curiosa, apta. Acostumbrada  a sus excepcionales sentidos vivos y sepultadas las expectativas de la vista, atesoraba sus dones. Sus prejuicios se reducían a contados fenómenos naturales y, con la edad, a su analfabetismo.
Tuvo un solo hermano, Jerôme, dos años menor. En 1916, cuando asistió al funeral de su benefactor en Béziers para hacerse cargo de la tienda de antigüedades, salvo por su hermano desaparecido desde el accidente de los padres, Medea estaba completamente sola en el mundo.
Sus primeros años de vida fueron ordinarios, no así su pasado remoto. Sus padres fueron gente ingenua y de bien, igual que sus abuelos y bisabuelos. Aun  cuando  su historia  es similar a la de muchas  mujeres del mundo y de la región, de su época y de siglos anteriores,  posee matices  únicos. Cuando  el mal se manifiesta y ensaña,  absorbe víctimas, hasta que alguien o algo, vence la inercia. El árbol genealógico de Medea creció a la par de una institución que optó durante  la Edad Media por la erradicación de cualquier principio contrario  a sus creencias e intereses. Fundada hacia 1184 en la zona de Languedoc, a la Inquisición Medieval le tomó sesenta y cinco años llegar a la provincia de Aragón y, bajo el control de la monarquía  hispánica,  extender  su poder. Fincada en terroríficas fábulas sobre demonios y brujas ejerció la represión y control  social en todas  las esferas. El fenómeno  acabó con la libertad  para discernir.  Salvo en el caso de algunas  mentes  privilegiadas e incontenibles,  el control  inhibió  el impulso creativo de las sociedades. En  un  intento  por  adueñarse  del alma  y las conciencias, se desató una pandemia. Para los laicos hubo castigos sádicos por herejía, en su mayoría impuestos a mujeres. La persecución y cacería infringieron  heridas sicológicas que metabolizaron las generaciones subsecuentes. El miedo condicionó la vida de miles de personas causando hambruna, peste y miseria espirituales. La mentalidad se estancó en una etapa de gran vulnerabilidad y fantasía: la infancia. Cundieron las pesadillas en las que brujas y demonios amenazaron controlar el mundo. Espiar, calumniar y delatar fueron algunas herramientas de subsistencia de consecuencias destructivas  en las comunidades.  Como una nube de cenizas, el miedo descendió sobre Europa. Para quienes lo vivieron no fue simple superstición, fue la certeza de saberse en peligro de ser poseído o controlado  por demonios y enviado al infierno para toda la eternidad. El complejo de Dios y el complejo de los Demonios contendieron  por la supremacía sobre los mortales. Convencidos los inquisidores de que su vida eterna  peligraba porque gran número de mujeres se había aliado con demonios, diseminaron la misoginia y la xenofobia a todos los niveles de la sociedad. Se destruyó el equilibrio entre lo femenino y lo masculino. Bastaba con amar a los animales,  pasear  por el bosque, recolectar  hierbas y frutos silvestres para preparar remedios o tener un gato negro, para ser tomado por una bruja o por un demonio. Porque la conciencia encierra la sabiduría del universo, Medea nació ciega.
En 1835, tras más de seis siglos de persecución, acoso y terror, la institución fue abolida. Medea, por intervención del hermano de su madre, Andreas Lagross, regresó a la tierra cátara de sus antepasados, la ciudad de Béziers. La crudeza de las historias vividas por el pueblo del que desciende se trasmitió de una generación a otra hasta confrontar la naturaleza salvaje de Medea. Un impulso creativo reorientó los sentidos en la dirección correcta. Ese impulso creativo, aunado a la voz cautiva en cada instrumento  a la venta en su tienda, ayudó a Medea a leer con sus manos y sus labios aquello que sus ojos se negaron a ver.