Huérfanos sin Abrigo

Presentación Huérfanos sin abrigo
LIBRERÍAS GANDHI
20 de febrero, 2014

Recapitulación
Hablarles hoy de los móviles que me llevaron a escribir H s a  me parece arriesgado; ahora que se ha publicado, será en la mente del lector que la novela hará el verdadero viaje. Prefiero abordar dos puntos sobre los que varios lectores me han hecho preguntas. La retroalimentación ha acaparado mi atención en torno a la invidencia y al nombre de la protagonista. Un producto individual e íntimo germinó en un contenido público que me acecha.
A través de distintos canales he recibido citas y reflexiones sobre la invidencia. El proceso de documentación me abrió los ojos en muchos sentidos. Mi primer gran descubrimiento fue comprender que el que una persona que nació ciega recupere la vista, es un deseo de quienes vemos. El segundo, que los invidentes construyen su imagen del universo desde canales sutiles distintos a los nuestros. No quiero ser malinterpretada, no considero que la ceguera sea un estado romántico, reconozco con todo respeto la adversidad de quienes tienen que labrarse una vida en un universo manipulado por estímulos visuales estridentes. Mi fascinación por el espíritu indómito del invidente que redunda en su virginidad visual, ha confrontado mi propia miopía perceptiva. Desde frentes inesperados H s a se ha ido abriendo paso. La comunicadora Olga Cano habría querido que la intitulara desde matices optimistas, sugirió un título que dio en el clavo: “Los ojos del alma”. Precisamente, ponerle ojos al alma de la protagonista fue mi intención regente. Lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve con el corazón,  decía El Principito.Rocío Arocha, psicoterapeuta, describió la novela como un “recorrido por la intimidad de una huérfana sin abrigo: ¿acaso no lo somos todos en algún momento?”, me preguntaba. Ella también dio en el clavo sobre aquello que yo tardé en dilucidar una novela. “Ser ciega” confesó Medea a su amor de la adolescencia “es nadar desnuda”, esta noche complementaría esa frase “ser ciega es nadar desnuda y tener que aceptar la orfandad”. Ese muchacho que la acompañó a conocer el mar, representa la, algunas veces, soberbia inocencia del vidente.
Después de la ceguera, el nombre de la protagonista encendió algunos focos. En la mitología griega, Medea, nieta de Helos, el sol, asesina a sus hijos después de haber sido repudiada por su esposo, el argonauta Jasón. La madre de Medea/Protagonista mintió en mi nombre al asegurar que lo eligió por su musicalidad. La verdad es que lo escogí por su peso arquetípico, específicamente por el referente al infanticidio. En el diccionario María Moliner “infanticidio” se define como la acción de matar a un niño, particularmente cuando lo ejecuta la madre para ocultar que lo ha tenido. Medea es efecto de un “cuerpo del dolor” y un “espíritu ilustrándose” que en cierta etapa está impedido para ver. Su viaje de retorno, lo emprende sujeta a una carriola que transporta libros y enciclopedias escritos en braille. Habiendo anunciado que no tendría “hijos que puedan nacer ciegos, que tengan que ir a la guerra o pierdan a su familia”, ejerce la maternidad desde una dimensión creativa que podrá gustar o no. Los hombres durante los últimos milenios han construido imperios, erigido catedrales y filosofías, Medea aspiró a la concepción de sí misma.
Ahora quisiera hacer una breve confidencia: Madea no nació en el sur de Francia, nació en el Barrio de San Lucas en Coyoacán donde viví hace una década con mi familia. En su camino al Hospital de la Ceguera vi pasar frente a mi casa a muchos invidentes. Su característico andar sembró en mí asombro y profunda admiración. Ausentes, a mi parecer, y esquivos, recorrían la calle de Tlatetilpa desde una humanidad cuya motricidad y existencia me eran ajenos.
Según Ian McEwan, autor de Expiación y de Ámsterdam, los detalles en una obra de ficción son “la microscópica celosía de la conciencia, la letra pequeña de la subjetividad”, es en ese preciso sentido que H s a es una invitación a tantear la vida desde perspectivas salvajes, silvestres, inconmensurables. Según Aristóteles “el historiador narra lo que ha sucedido y el literato lo que podría suceder”. El escenario en el que se erige la novela se teje de estas dos madejas para llevar de la mano al lector de pasajes familiares a otros ficticios. De la misma manera que el héroe ansía explorar una tierra incógnita, el pueblo de Bézier a un costado del río Orb, rodeado de una muralla medieval y sembrado de iglesias, es el epitome de la caverna existencial. La Inquisición como el Instituto para Jóvenes Ciegos a dos lados de un espectro, se suman a hechos tan violentos como las dos guerras mundiales para vestir a personajes nimios. Estos artificios son las presillas del talle que asfixia a Medea y avivan la empatía del lector. La estética y el lirismo contenido en la musicalidad del universo, desde el canto efímero hasta las caricias del artesano, son una rebanada de nuestro capital poético.
Para terminar quisiera compartirles un fragmento de “Las Cartas sobre ciegos para uso de los que ven escritas por el filósofo y escritor francés Diderot; este segmento corresponde a una conversación entre él y una joven ciega:


—Señorita —pide Diderot—, imagine un cubo.
—Listo —anuncia la joven.
—Ahora, imagine un punto en el centro del cubo.
—Ya está —asegura la muchacha.
—Trace líneas rectas de ese punto a los ángulos, habrá dividido el cubo en … —se detuvo Diderot al ver que la joven deseaba hablar.
—El cubo, maestro, quedará dividido en seis pirámides iguales, cada una de ellas con las mismas caras, la base del cubo y la mitad de su altura.”
—Correcto, pero ¿cómo lo vio? —pregunta Diderot
—En mi cabeza, como usted.

 

ORDEN DEL DIA
1.- Presentación x MA Porrúa de LB y de los presentadores.
2.- Presentación de H s a por Tere Riggen
3.- Lectura fragmento novela por LB (5 a 7 min)Carta Jerome
4.- Presentación MA Nogueda
5.- Lectura fragmento novela por LB (5 a 5 min)Incidente violonchelo
6.- Lectura 7 min despedida por LB