Huérfanos sin Abrigo

PRESENTACIÓN HUERFANOS SIN ABRIGO
FIL DICIEMBRE 2, 2015

Me gustaría encontrar la manera de invitarlos a leer HUÉRFANOS SIN ABRIGO sin tener que hablar bien de MI NOVELA o de MI, pues me resulta incómodo, y, en público, me sabe a chapuza. Cuanto deseé escribir ya está en la novela impresa, explicarlo ahora atentaría contra la magia a que aspira toda obra literaria. Aristóteles decía que “el historiador describe lo que sucedió, mientras el escritor se ocupa de lo que podría suceder”. Para mí, la ceguera de nacimiento fue el detonador de un sinfín de preguntas que durante la investigación fue transformándose en la metáfora que precisaba para imaginar, precisamente, lo que podría suceder si una mujer que nació ciega heredara una tienda de antigüedades musicales a principios del siglo XIX.
La literatura nos da la posibilidad de enfrentarnos a miedos y anhelos desde alguna posición remota, llámese cama, avión o monitor. Estos puntos ciegos de la naturaleza humana que algunas obras literarias logran capturar, Javier Marías los llama “el silencio pletórico de significado, la ceguera visionaria, la oscuridad radiante y la ambigüedad sin solución”. En H sin A, LA CEGUERA es el torrente de esa vena sutil.
Quisiera ubicarlos en la historia con la prontitud y brevedad que lo hago en la página 1: Pag 11. Permítanme una confidencia, Medea, no nació en el sur de Francia como aseguro para orientar al lector, nació en el Barrio de San Lucas en Coyoacán donde viví hace una década con mi familia. En su camino al Hospital de la Ceguera vi pasar frente a mi casa a muchos invidentes. Su característico andar sembró en mi asombro y honesta admiración. Ausentes, a mi parecer, y esquivos, recorrían la calle de Tlatetilpa desde una humanidad cuya motricidad y esencia me eran tan ajenos como enigmáticos.  
Durante el proceso creativo, me detuve consternada ante la intimidad que habría entre ustedes como lectores y la experiencia de Medea que redundaría en preguntas incómodas cuando comenzaran a adentrarse al tema invisible al que conduce el visible.  H sin A es una invitación a probar varios tiempos que evocan sabores que han sido instaurados en nosotros como un bagaje de preconcepciones sobre: la infancia, los ritos mortuorios, el matrimonio y el nacimiento de la conciencia. La novela es un género dinámico que ofrece libertad cuando se respetan ciertas reglas y cuando se formulan preguntas verosímiles en un entorno coherente y sostenible que además resulte bello, cosa que dejo a su criterio:
¿Cuánta ceguera que existe para nuestro consuelo? ¿Acaso no todos estamos condenados a la orfandad? H sin A es el ensayo que La Ceguera y La Orfandad estelarizan contra el sentido de la vista cuando ha desafinado y desentonar las percepciones, confundiéndonos con inminente peligrosidad. La máxima budista, “nada es lo que parece”, es de gran relevancia para quienes vemos. Porque la literatura sirve cuando inquieta e incomodo, los invito a adentrarse en una oscuridad desconocida en la que podremos, quizá o quizá no, descubrir que somos el único minusválido en nuestro entorno y el exiliado en la tierra propia; en la que nos golpearemos al andar sin un báculo contra esquinas y muros, que nos querrán de sirviente y prostituta, que el analfabetismo aísla, que el dolor y el miedo someten.
Aceptar la invitación a la lectura es consentir a participar en un juego, que como tal se rige por ciertas reglas y una de ellas es la de la posibilidad de redención y renacimiento. El lenguaje que se convierte en linterna develará en H sin A el mundo de la música. El abstracto poder de un instrumento como vestigio, la maestría del luthier, el encantamiento de la voz o el hilo conductor de una composición que apunta al alma del escucha. Estas serán las armas que Medea empuña para derribar aquella horca herencia de un pasado violento y de sumisión en el que los agravios colectivos perduran durante siglos en la psique de una nación que da a luz a un invidente. Peter Turchi en su libro Mapas de la Imaginación: El escritor como cartógrafo define algunas bases de la invitación legítima a leer un drama, siempre y cuando el escritor, durante el proceso de un investigación rigurosa tome notas y elabore un borrador dándole al lector la posibilidad de mover paredes y crear callejones sin salida”
Hechos que nunca sucedieron se mezclan en H s A con muchos que sí ocurrieron, Medea, mi hija simbólica, se mezcla con personajes de carne y hueso como el músico francés Fauré y el jefe de la resistencia francesa Jean Moulin. H s A es la historia de las heridas que causó la Inquisición, las atrocidades cometidas durante la I y II GMs, pero también y por encima de la tristeza, es la belleza del morado y el rojo aunque solo pueda saborearlos, el amor y el ideal de un artesano, la sensibilidad de un compositor y la divinidad en el instinto materno. París, GUARDAR SILENCIO, acoge a Medea para llenarla de luz e ilustrarla, al seno de esa ciudad idealizada teje muñecas, aprende Braille y se reviste de una identidad propia.

La emoción que rige a Medea es tan normal como anormal, eres tú y soy yo. Es la actriz en un escenario como el de cualquiera que busque ser aceptado e incluido por la tropa de su tiempo, de su clase y estirpe.